Apego y Estilos Parentales

Bowlby definió al apego como una forma de conducta que posee un niño, como resultado del logro de la conservación de la cercanía con otro individuo que actúe en el rol de “Figura de apego primaria”. Esta figura de apego primaria suele ser el tutor del niño, la persona que pasa más tiempo con él y responde a sus necesidades. Por ejemplo, la figura de apego primaria puede ser la madres-

A partir de la teoría de Bowlby, Ainsworth clasificó a los distintos estilos. Veamos de forma sintética cuáles son:

  1. El apego seguro

Los niños con apegos seguros tienen una expectativa confiable de que su figura de apego primaria estará disponible cuando la necesiten y que responderá a sus señales, sobre todo en las situaciones atemorizantes. Estos niños han aprendido a integrar los aspectos cognitivos y emocionales de sus modelos vinculares en forma equilibrada y armónica, debido a que en el vínculo con su figura de apego primaria ambos aspectos se encontraban integrados de una manera coherente y predecible.

  1. Apego evitativo

Estos niños no confían en que sus figuras de apego sean accesibles y respondan adecuadamente frente a sus necesidades; por lo tanto, adoptan como estrategia defensiva la distancia emocional, en un intento de manejarse en forma autosuficiente. Esto evidencia un predominio defensivo de los aspectos cognitivos con el objeto de adaptarse y controlar el entorno, a la vez que inhibe su componente afectivo, desatendido o mal interpretado por una figura de apego primaria distante emocionalmente.

  1. El apego ambivalente

El apego ambivalente se caracteriza porque el niño no siente la seguridad de la disponibilidad de su figura de apego primaria en el momento que la necesite. La figura de afecto se comporta en forma ambivalente y responde a las demandas de sus hijos de manera lenta o inconsistente. Estos niños expresan exageradamente el componente afectivo y ansioso en su conducta, en busca de atención y cuidado, a la vez que no integran en la misma una estrategia cognitiva que les resulta poco confiable para anticipar la conducta de su cuidador

  1. Apego desorganizado

Es frecuente que estos niños hayan sufrido descuidos importantes, experiencias traumáticas. Su desorganización conductual probablemente sea la respuesta al temor o a la amenaza de sus progenitores y a la falta de coherencia y previsibilidad de su conducta. Se observan manifestaciones secuenciales o simultáneas de diferentes tipos de apego, patrones contradictorios de conducta, confusión, expresiones mal dirigidas o interrumpidas y actitudes estereotipadas o anómalas.

Bowlby manifiesta que el vínculo empieza a consolidarse alrededor de los seis meses de vida a través de interacciones entre las figuras de apego y el bebé, así como también la protección y el confort que los cuidadores les proporcionan y la facilidad por parte de ellos para responder a sus demandas.

Luego de mencionar los estilos de apego, resulta necesario describir los estilos parentales, los cuales influyen de manera significativa en el tipo de apego que desarrollarán los niños.

Los estilos parentales se circunscriben a los grupos familiares, se desarrollan en su seno y son puestos en práctica por los progenitores con el fin de educar, influir y orientar a sus hijos para que puedan constituirse en relaciones sociales. A través de estos estilos de crianza los padres intentan infundir en sus hijos ciertos valores y normas.

Estas prácticas educativas familiares son exclusivas y específicas de cada familia, pero al mismo tiempo comparten algunas características y similitudes con familias del mismo grupo social. Se los denomina estilos ya que perduran en el tiempo y mantienen cierta estabilidad. Coexisten numerosos factores biopsicosociales que afectan los estilos de crianza y las interacciones parentales. Es así que cada familia asume los estilos de crianza en función de sus características, dinámica, factores del medio en el que se desenvuelve, recursos y apoyos con los que cuenta, y, como mencionamos antes, los patrones de apego que generen en las relaciones progenitores e hijos.

Torío, Peña y Caro señalan que los padres de niños entre 5 y 8 años de edad, no tienen aún un estilo de crianza definido. Richaud explicita que la calidad de la interacción entre el padre y la figura de apego primaria y sus hijos es uno de los elementos determinantes de la conducta infantil y del desarrollo de la personalidad. Por tanto, cuando se evalúan las características de personalidad en un sujeto adulto, se indaga acerca de cómo se desarrolló su relación temprana con cada uno de sus padres.

Veamos cuales son los cuatro estilos parentales.

  1. Estilo autoritario: en esta modalidad relacional los progenitores practican un estricto control y exigen un elevado nivel de madurez a sus hijos, que va acompañado de una pobre comunicación y escasa expresión emocional. Lo que caracteriza a este patrón de crianza son las excesivas normas y exigencias estrictas, las cuales están basadas en patrones rígidos establecidos y les cuesta moverse de ellos. Prima la obediencia de las normas y en caso de no cumplirse, recurren al uso del castigo sin dar lugar al diálogo. No pueden conversarse las normas o reglas, y no se fundamenta las mismas. Puede incluir el castigo físico como método punitivo.
  1. Estilo democrático: en esta relación de crianza estos progenitores exhiben altos niveles de comunicación, afecto, control y exigencias de madurez. Si bien ejercen el control, tienen en cuenta las necesidades y sentimientos de sus hijos, siendo así más empáticos y flexibles. Dan elucidaciones de sus comportamientos y exigencias, ponen límites las cuales orientan a sus hijos, pero a su vez están dispuestos a escucharlos y llegar a un acuerdo mutuo. Baumrind destaca que este patrón es el que mejor promueve el desarrollo de la personalidad en los hijos, brindándole seguridad y confianza en ellos mismos, así como habilidades comunicativas y de socialización. Los hijos de padres democráticos se identifican por mostrar en mayor medida acciones responsables y por estar más a la independencia y a la perspectiva del logro.
  1. Estilo permisivo: es un desarrollo parental donde los progenitores ejercen poco control y tienen escasas exigencias de madurez, pero, a diferencia de los autoritarios estos progenitores se caracterizan por un alto nivel de comunicación y afecto. Prima el dejar hacer, la aceptación de la conducta de su hijo. No hay normas que estructuren la vida del niño, sino que por el contrario consultan a sus hijos sobre decisiones, rebatiendo el ejercicio de poder y de control el mismo.
  1. Estilo indiferente: los progenitores no son ni exigentes ni receptivos, no ejercen tipo de control ni exigencias de madurez y los niveles de comunicación y afecto son muy bajos, desistiendo así de responsabilidades sobre sus hijos. Son padres negligentes, no se brindan a sus hijos y tampoco les exigen, las demandas y requerimientos del crecimiento saludable

Revisado los tipos de apego y los estilos parentales, podemos relacionar ambos conceptos. Para lograr un estilo parental democrático, que sería el más sano en cuanto a relaciones en el seno de la familia, es necesario que los padres ayuden a su hijo a desarrollar un apego seguro.

Son las figuras de apego primaria las encargadas del desarrollo emocional del niño, del futuro estilo de personalidad y su manera de responder ante las necesidades, las dificultades y su autopercepción en el mundo.

Lic. Josefina Ricotta

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