Comprender la respuesta al estrés

La activación crónica de este mecanismo de supervivencia, altera la salud.

Durante dos años consecutivos  la encuesta anual sobre el estrés, dirigida  por la Asociación Americana  de Psicología,  ha encontrado que alrededor del 25% de los estadounidenses  experimentan

elevados niveles  de estrés (califican  su nivel de estrés en 8 o más sobre una escala de 10 puntos), y otro 50% refiere niveles  moderados (con una puntuación  ente 4 y 7). Quizás no deba sorprendernos, dada la continua  inestabilidad  económica del país y del resto del mundo, que la preocupación por el dinero, el trabajo y el crecimiento  económico,  figuran  como las fuentes principales  de estrés entre los estadounidenses.

El estrés es desagradable,  incluso  cuando solo es transitorio.  Una situación  estresante, sea externa, como la amenaza de la proximidad  del plazo de entrega de un trabajo, o psicológica,  como la preocupación continua  por poder perder el trabajo, puede desencadenar una cascada de hormonas  de estrés que producen cambios fisiológicos  bien orquestados. Un incidente  estresante puede hacer que el corazón y la respiración  se aceleren.  Los músculos  se tensen y nos cubramos de sudor.

Esta combinación  de reacciones al estrés se conoce también como respuesta de “lucha  o huida”, porque funciona  como un mecanismo  de supervivencia  que permite a las personas, y a otros mamíferos,  a reaccionar rápidamente  ante situaciones  que suponen una amenaza vital.  Esta secuencia cuidadosamente  orquestada, aunque prácticamente  instantánea,  de cambios hormonales  y respuestas fisiológicas,  ayuda o a luchar contra la amenaza o a huir buscando seguridad.  Desafortunadamente,  el cuerpo también puede reaccionar de forma exagerada a factores de estrés que no amenazan  la vida, como son los atascos de tráfico, la presión en el trabajo, y dificultades  en la familia.

Con los años, los investigadores  han ido conociendo,  no sólo cómo y por qué se producen estas reacciones,  sino que también  han profundizado  en el conocimiento  de los efectos que a largo plazo tiene el estrés sobre la salud física  y psicológica.  Con el tiempo, el cuerpo paga un precio por la activación  repetida de la respuesta de estrés. Las investigaciones  indican  que el estrés mantenido contribuye  a la hipertensión  arterial,  favorece los depósitos que obstruyen las arterias y provoca cambios en el cerebro que pueden contribuir  al desarrollo  de ansiedad, depresión y adicciones.  Otras investigaciones  preliminares  sugieren  que el estrés crónico, también  puede contribuir  a la obe sidad, tanto a través de mecanismos  directos (hace comer más) como indirectos  (por la disminución  del sueño y el ejercicio).

Salta la alarma

La respuesta al estrés comienza  en el cerebro (ver ilustración).  Cuando alguien  se enfrenta  a un coche que se aproxima o a otro peligro,  los ojos, los oídos (o ambos) envían la información  a la amígdala,  un área del cerebro que contribuye  al procesamiento  emocional.  La amígdala  interpreta las imágenes  y los sonidos. Cuando percibe peligro,  inmediatamente  envía una señal de socorro al hipotálamo.

Centro de Control

Cuando alguien experimenta un acontecimiento estresante, la amígdala, un área del cerebro que contribuye al procesamiento emocional, envía una señal de socorro al hipotálamo. Esta área del cerebro funciona como un centro de control, que se comunica con el resto del cuerpo a través del sistema nervioso para que la persona disponga de la energía para luchar o huir.

El hipotálamo  es como un centro de control.  Esta área del cerebro se comunica  con el resto del cuerpo a través del sistema nervioso  autónomo,  que controla funciones  tan involuntarias,  como son la respiración,  la tensión arterial,  el ritmo  cardíaco y la dilatación  o constricción  de vasos sanguíneos esenciales  y de pequeñas vías aéreas pulmonares,  llamadas  bronquiolos.  El sistema nervioso autónomo  tiene dos componentes,  el sistema nervioso  simpático  y el sistema nervioso parasimpático.  El sistema nervioso  simpático  funciona  como el pedal del acelerador del coche. Dispara la respuesta de “lucha  o huida”,  y proporciona al cuerpo una explosión  de energía para que pueda responder a los peligros percibidos.  El sistema nervioso  parasimpático  actúa como el pedal del freno. Promueve la respuesta “descansa y asimila” que calma el cuerpo cuando el peligro ha pasado.

Cuando la amígdala  envía una señal de socorro, el hipotálamo  activa el sistema nervioso  simpático enviando  señales, a través de los nervios autónomos,  a las glándulas  suprarrenales.  Estas glándulas responden liberando  la hormona epinefrina  (también conocida como adrenalina)  al torrente sanguíneo.  Cuando la epinefrina  circula  por el cuerpo, produce una serie de cambios fisiológicos.  El corazón late más rápido de lo normal,  mandando  más sangre a los músculos,  el corazón y otros órganos vitales.  La frecuencia  del pulso y la presión sanguínea  aumentan.  La persona sometida a estos cambios también  empieza a respirar más rápido. Las pequeñas vías aéreas pulmonares  se ensanchan.  De esta forma, los pulmones  introducen  con cada respiración,  todo el oxígeno  posible. El oxígeno  adicional se envía al cerebro, lo que aumenta  el estado de alerta. La vista, el oído y los demás sentidos se agudizan.  A su vez, la epinefrina  provoca la liberación  al torrente sanguíneo  de azúcar (glucosa) y grasas, procedentes de los lugares del cuerpo de almacenamiento  temporal.  Estos nutrientes  inundan  en el torrente sanguíneo,  y suministran  energía a todo el cuerpo.

Todos estos cambios ocurren tan rápidamente  que las personas ni siquiera  son conscientes  de ellos. De hecho, las interconexiones  son tan eficientes  que la amígdala  y el hipotálamo  inician  esta cascada, incluso  antes de que los centros visuales  del cerebro hayan tenido la oportunidad  de procesar completamente  lo que está sucediendo.  Por esa razón, las personas son capaces de saltar alejándose de la trayectoria  de un coche que se aproxima,  incluso  antes de pensar en lo que están haciendo.

A medida que la elevación  inicial  de epinefrina  va disminuyendo,  el hipotálamo  activa el segundo componente del sistema de respuesta de estrés – conocido como el eje HHA (Hipotalámico- Hipofisario-Adrenal).  Esta red está formada por el hipotálamo,  la hipófisis  (glándula  pituitaria)  y las glándulas  suprarrenales.

El eje HHA utiliza  una serie de señales hormonales  para poder mantener el sistema nervioso simpático,  “el pedal del acelerador”,  presionado. Si el cerebro continúa  percibiendo  peligro,  el hipotálamo  libera la hormona Corticotropina  (CRH), que viaja hasta la hipófisis,  provocando que ésta libere la hormona Adrenocorticotropa  (ACTH). Esta hormona viaja hasta las glándulas suprarrenales,  provocando a su vez que éstas liberen Cortisol.  De esta manera el cuerpo se mantiene estimulado  en estado de alerta. Cuando pasa la amenaza,  los niveles  de Cortisol caen. El sistema nervioso  parasimpático,  “el pedal del freno”,  amortigua  la respuesta de estrés.

Técnicas para combatir el estrés

Los resultados de la encuesta antes mencionada  apoyan la experiencia  de los profesionales  de la salud  mental en su práctica habitual  -muchas personas son incapaces de encontrar una manera de poner freno al estrés-. Niveles bajos de estrés mantenidos  de forma crónica, mantienen  el eje HHA activado,  es como mantener  un coche a ralentí demasiado alto y durante demasiado  tiempo. Esto, a largo plazo, produce efectos en el cuerpo que generan los problemas de salud asociados con el estrés crónico.

Los picos persistentes de adrenalina  pueden dañar los vasos sanguíneos  y las arterias, esto eleva la tensión arterial y aumenta del riesgo de ataques cardíacos o accidentes cerebrovasculares.  Las subidas de Cortisol generan cambios fisiológicos,  destinados a reponer las reservas de energía almacenada,  que el cuerpo ha perdido durante la respuesta al estrés. Pero contribuye  al aumento  de tejido graso y a la ganancia  de peso. El Cortisol,  por ejemplo,  aumenta el apetito, induciendo  a comer más para obtener energía extra. También  aumenta  el almacenamiento  de nutrientes  que no se han utilizado,  en forma de grasa corporal.

Afortunadamente,  las personas pueden aprender técnicas para contrarrestar la respuesta de estrés.

Respuesta de relajación. El Dr. Herbert Benson, director emérito  del Instituto  de Medicina  Mente Cuerpo Benson-Henry  del Hospital General de Massachusetts,  ha dedicado gran parte de su carrera a conocer cómo la gente puede contrarrestar la respuesta de estrés mediante  el uso de una combinación de técnicas que favorecen la respuesta de relajación.  Entre ellas, la respiración  abdominal profunda, centrar la mente en una palabra tranquilizadora  (como “paz” o “calma”),  la visualización  de escenas tranquilas,  recitar oraciones repetitivas,  el Yoga y el Taichí.

La mayor parte de las investigaciones  que utilizan  medidas objetivas para evaluar la eficacia  de la respuesta de relajación  para contrarrestar el estrés, se han llevado  a cabo en personas con hipertensión  y otras formas de enfermedades  cardiacas. Los resultados sugieren  que vale la pena probar estas técnicas, aunque para la mayoría de la gente no es la panacea. Por ejemplo,  los investigadores  del Hospital General de Massachusetts  llevaron  a cabo un ensayo clínico  aleatorio controlado por (double- blind) es decir ni los testadores ni los pacientes habían sido informados  del motivo  real del estudio, en 122 pacientes,  de 55 años de edad o más, con hipertensión,  en el que una mitad, se asignó  a un grupo de pacientes entrenados en la práctica de la respuesta de relajación  y la otra mitad, a un grupo de control, que recibió  información  sobre el control de la tensión  arterial.

Después de ocho semanas,  34 personas de las que practicaron la respuesta de relajación,  algo más de la mitad, habían logrado una reducción de la tensión  arterial sistólica  mayor de 5 mm de Hg, y por lo tanto pudieron ser incluidos  en la siguiente  fase del estudio, en la que podían disminuir  la cantidad de medicación  que estaban tomando para reducir la tensión  arterial.  Durante esa segunda fase, el 50% fueron capaces de eliminar,  al menos un medicamento  para la tensión arterial,  mucho más que en el grupo de control, en el que sólo el 19% pudo eliminar  su medicación.

La actividad física: Las personas pueden utilizar  el ejercicio  para disminuir  la acumulación  de estrés de varias formas.  El ejercicio,  como caminar a paso ligero,  poco después de sentirse estresado, no sólo profundiza  la respiración,  sino que también ayuda a aliviar  la tensión  muscular.  Las terapias de movimiento  como Yoga, Taichí y Qui gong, combinan  movimientos  fluidos  con respiración profunda y la concentración  mental,  todo lo cual puede inducir  a la calma.

El apoyo social: confidentes,  amigos,  conocidos, compañeros de trabajo, parientes, cónyuges  y compañeros, todos proporcionan una red social, que puede mejora la vida y aumentar  la longevidad.  No está claro por qué, pero la teoría de amortiguación  sostiene que las personas que disfrutan  de una estrecha relación con la familia  y amigos,  reciben un apoyo emocional que indirectamente  ayuda a sostenerlos  en los momentos  de estrés y crisis.

Dusek JA, et al. “Manejo del estrés Versus estilo de vida Modificación  de hipertensión  sistólica  y eliminación  de medicamentos:  Un ensayo aleatorizado,” Revista de Medicina Alternativa y Complementaria (marzo de 2008): Vol. 14, No. 2, pp. 129-38.

Holt-Lunstad  J, et al. “Las relaciones  sociales y el riesgo  de mortalidad:  Una revisión  meta – analítica,”  PLoS Medicine (27 de julio  de 2010): Vol. 7, No. 7, publicación  electrónica.

McEwen B, et al. El fin de estrés como lo conocemos (The Dana Press, 2002). Para más referencias,  consulte:  www.health. harvard.ed u/me nta le xtra  .

© 2000-2013 Universidad  de Harvard.

Fuente: Understanding the stress response

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