Detenerse, Respirar y Contemplar

En nuestro andar diario solemos tener activado el piloto automático, es decir, realizamos nuestras actividades sin detenernos a pensar en cómo las estamos haciendo o que sentimos al hacerlas. Esto no es necesariamente negativo, si no estuviéramos en piloto automático nos sería difícil generar hábitos, el problema surge cuando estamos todo el día en piloto automático, pero, ¿Cuántas veces nos detenemos a pensar lo que estamos haciendo?

Es saludable, en nuestro desarrollo humano, detenernos, respirar, y observar. Observar nuestro interior, que pensamos, que sentimos y también observar el mundo que nos rodea. Es necesario poder entrenarnos en la pausa Mindfulness, porque es preciso poder ver nuestro interior, poder pensar y pensarnos, poder tomarnos una pausa para expandir nuestra consciencia e, incluso, tomar fuerzas para continuar con nuestro día. Para ejemplificar esto me gustaría contarles una historia.

Jesús, el Dios de los cristianos, aquel que creemos imbatible, antes de ser crucificado se retiró a un monte, en Getsemaní, a orar, a contemplarse, a hacer una pausa antes de vivir el calvario que lo esperaba. Según las palabras del Evangelio de Mateo, Jesús, al detenerse a hablar con su padre, comenzó a entristecerse y angustiarse y expresó “Mi alma siente una tristeza de muerte” Jesús, en toda su grandeza, necesitó tomarse una pausa y pensar en lo que le esperaba, no sintió vergüenza ante Pedro, un amigo que lo había acompañado, en decirle que se sentía angustiado. Si Jesús, en su grandeza, tuvo la humildad de detenerse a darle lugar a sus pensamientos y sentimientos ¿Por qué no podemos hacerlo nosotros?

La rutina nos lleva a una velocidad que nos impide parar a observarnos, es importante que a veces, como quien tira un ancla al mar y frena la navegación, podamos detenernos a pensar que nos sucede. ¿Acaso tenemos miedo de lo que podamos encontrar? Esta pausa no tiene un límite temporal. A veces necesitamos de días para poder recobrar fuerzas y continuar. Esto no nos convierte en débiles, sino en sabios, porque saber cuándo dejar de navegar, saber reconocer las tormentas, es de navegador experimentado. No tengan miedo a escuchar las palabras de su alma, esa sustancia espiritual e inmortal que nos regala la vida. No sientan vergüenza de necesitar tomar aire para continuar.

En otro ensayo que escribí, sobre la felicidad, les comentaba que la felicidad se trata de vivir en atención plena el momento presente. Esto no contradice lo que escribo ahora, podríamos decir que, en ciertas oportunidades, para hallar la felicidad debemos detenernos, pero en ese momento de pausa vivirlo con atención plena, permitir que nuestra mente se expanda y nuestro corazón respire. Las pausas para observar nuestro interior son los pilares de la felicidad.

Volviendo a las palabras de Mateo: 26. 36-41, Jesús, quien fue ejemplo de alegría y gratitud, necesitó darse una pausa para observar su interioridad. No confundamos, Jesús ya sabía cual era su destino, y estaba convencido de poder cumplirlo para salvarnos, pero esto no descarta la necesidad de parar, pensar, darle lugar a la tristeza humana que lo recorría, para luego poder entregarse en la manera que lo hace un Dios, en alegría plena.

Me gustaría dejarles un ejercicio para reconocer si necesitan tomarse esa pausa necesaria en su corazón y en su cuerpo. Lo llamo la respiración en tres tiempos:

Adopten su postura meditativa habitual, sentados en el borde de la silla, con las plantas de los pies apoyas firmes en el suelo, la espalda recta y el cuerpo distendido. Primero inhalen, luego retengan ese aire en la base de sus pulmones, y en tercer lugar exhalen y liberen el aire al ambiente. Este ejercicio sencillo nos permite, no solo anclarnos al presente, sino también despejar nuestra mente y poder ver lo que nos acontece con mayor claridad.

Me gustaría dejarles unas últimas palabras del libro del libro de Romanos 12:12 Alégrense en la esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento, perseveren en la oración.

Expresen su alegría, pero también, si quieren preservar ese estado de felicidad plena, regálense la pausa Mindfulness para detenerse, respirar, observar, contemplar y proseguir.

Federico Martínez

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