Diagnosticar No Es Condenar

INTRODUCCIÓN

En este ensayo me propongo analizar la disputa entre psicología, psicopedagogía, psiquiatría, medicina y farmacología. ¿Diagnosticar es etiquetar? ¿Diagnosticar nos da libertad o nos quita derechos? ¿Está bien medicar a un niño? ¿Cómo debe ser el abordaje de la enfermedad del niño, adolescente u adulto?

En la mayoría de los comentarios de psicólogos, psicopedagogos, musicoterapeutas y otras profesiones, he notado resistencia a la medicación, incluso he llegado a escuchar una respuesta docente de la Lic. En psicopedagogía, La medicación tapa la expresión del síntoma. Dado que me llamó poderosamente la atención dicha afirmación, me propongo, con un caso clínico y con argumentos que considero valederos, aclarar que la medicación, en algunos casos, es necesaria para abordar al paciente desde un punto de vista psicológico y psicopedagógico, ya que, con un paciente descompensado psíquicamente, es poco lo que puede trabajar en la consulta.

Es necesario aclarar en este punto que Mindfulness no sustituye ningún tratamiento psicológico, médico o psiquiátrico, es una herramienta más para acompañar al paciente.

DESARROLLO

En diversos textos se suele mencionar que el diagnóstico psicopatológico no debe ser una etiqueta inamovible, y a su vez que diagnosticar es encadenar al sujeto en cuestión a un futuro no necesariamente placentero o esperanzador.

En este punto disiento porque considero que un diagnóstico certero, realizado a tiempo, ayuda a la familia y al paciente. Para eso voy a contar, de la manera más resumida que me sea posible, un caso particular de una paciente con Trastorno Límite de la Personalidad (en adelante TLP), que fue diagnosticada, recién, a los 26 años.

Desde su escolarización en sala de 4, la maestra solicitó a los padres una consulta médica porque la niña decía tener cortocircuitos en la cabeza. En ese momento corría el año 1997. Inicialmente se realizó la consulta a un neurólogo que diagnostico Asperger, luego, de manera asincrónica, se consultó a una psicóloga que, al observar a la paciente, que en adelante llamaremos Andrea, no coincidió con el neurólogo, al contrario de pensar que la niña tenía Asperger, informó que se trataba de una niña con una capacidad cognitiva superior a la media, lo cual dificultaba su socialización y su permanencia, disciplina y atención dentro del aula.

Andrea creció y en cuarto grado tuvo su primera ideación suicida. La adolescencia, turbulenta de por sí, fue un torbellino de emociones que no podía procesar. Aunque estaba en tratamiento psicológico, la psicóloga, de manera unilateral, nunca solicitó trabajar en equipo con un psiquiatra y un acompañante terapéutico (en adelante AT). En la escolarización de Andrea hubiese sido crucial un AT, ya que Andrea se golpeaba y lastimaba a sí misma cada vez que las cosas no sucedían como ella quería, o cuando se veía desbordada emocionalmente, sea por estados alterados de alegría o de melancolía.

Emigró de su ciudad natal a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires para estudiar la licenciatura en física, carrera que le permitía continuar en su zona de confort; solo relacionarse con fórmulas certeras, que no lastiman y de las que no se desconfía. Las ideas de muerte se acrecentaron y la impulsividad la llevaba a romper objetos contra la pared, correr por la calle completamente disociada de la realidad y autolesionarse. A los 20 años la psicóloga que la atendía en ese momento la derivó a un psiquiatra por su impulsividad, el cual diagnosticó, bipolaridad. Aclaro que este diagnóstico fue erróneo porque para dicho diagnóstico solo se tuvieron en cuenta algunos criterios y no se logró ver, de forma integral, el caso clínico de Andrea. A los 23 tuvo su primer intento de suicidio y su primera internación. Fue necesario un suicidio consumado a los 26, en el cual fue reanimada, y estuvo 10 días en terapia intensiva, para dar con su diagnóstico. Hoy día trabajan en equipo una psicóloga, un psiquiatra y un AT que es terapeuta en Mindfulness. El AT va todos los días 4 horas, para ayudarla a terminar la carrera. Está medicada, y eso no la encadena, por el contrario, le da libertad. A sus 28 años, puede pensar con mayor claridad, ya no sufre de taquipsiquia, ya no sufre episodios de disociación, está eutímica por mayores períodos de tiempo, sus vínculos sociales se han afianzado y ha empezado a interactuar más en sociedad.

Que los profesionales que la atienden pudieran comprender su enfermedad fue lo que la liberó del dolor, del vacío crónico que la asolaba tanto ella como a su familia. Alicia Stolkiner considera indispensable un equipo interdisciplinario para el abordaje de un paciente. Ningún niño tiene su historia cerrada, considero que el hecho de que cada niño tiene sus singularidades, el abordaje de cada paciente debe ser diferente, y como dice Janin (2011) Los profesionales pueden abrir caminos para el niño y su familia. Por eso me valgo del ejemplo que di con anterioridad; los profesionales que atienden a Andrea Actualmente son los que abrieron en ella y en su familia el camino de la salud, y aunque exista un código de DSM-V en su epicrisis, eso no la estigmatizada, sino que le otorga derechos, pero, sobre todo, se valida su sufrimiento. Quienes me conocen saben que tengo dos frases de bolsillo, una es El dolor es tan real que cuesta ponerle palabras, porque si se le pudiese poner palabras, estaríamos en el orden de lo simbólico, y las otra es Del dolor se sale a través del dolor. Me auto cito, porque considero que validar el dolor de un paciente es el paso indispensable para comenzar con el tratamiento. Para que ambos, paciente y terapeuta, empiecen a vislumbrar la estabilidad emocional.

Lamentablemente las enfermedades mentales no son vistas, socialmente, al igual que las físicas (sin hacer mención que las enfermedades mentales también pueden considerarse físicas desde el momento en que hay desequilibrios químicos en el cerebro). Tener TDAH, TLP o Diabetes debe ser lo mismo. Si un diabético no tiene vergüenza de decir que debe inyectarse en público, ¿Por qué tiene que tenerlo un padre que dice que su niño tiene TDAH y debe consumir determinada medicación para estar estable?

Frigeiro pone en evidencia que el psicopedagogo debe ser el garante para que el origen de una enfermedad en un niño no sea una condena. Personalmente considero que eso no es solo deber del psicopedagogo, sino de todos los profesionales de la salud y de la sociedad en general. Actualmente se considera que, además de la ética, una de las premisas de las que debe partir un profesional de la salud para intervenir es la interdisciplina. Se suele considerar que el psicólogo evalúa el síntoma que se expresa en las habilidades sociales del niño y su núcleo familiar, mientras que el psicopedagogo se enfoca en el síntoma del aprendizaje, y el psiquiatra intenta apaciguar los síntomas críticos con fármacos para facilitar el trabajo en el consultorio terapéutico. A mi parecer el equipo debe observar y trabajar en el espectro de síntomas, y todos los consultorios son un espacio terapéutico, incluso el del médico que receta “frasquitos de colores”, porque para un buen ejercicio de la profesión, antes de firmar una receta, debe haber entrenado el arte de la escucha a nivel transpersonal. El psicólogo no puede trabajar con un adolescente con personalidad esquizoide sin tener en cuenta que no participa en clase, le cuesta trabajar en grupo, pero saca notas altas, y sin tener, en casos más agudos, el apoyo de un estabilizador del ánimo que ayude en los períodos de frustración y sensación de vacío. El abordaje del paciente debe ser, integral. Una vez estabilizado farmacológicamente, el terapeuta en Mindfulness puede comenzar a trabajar con el paciente para aliviar los síntomas de estrés, ansiedad y depresión.

Por otro lado, Janin (2004) menciona que el TDAH es un diagnóstico que se realiza generalmente sin escuchar a los niños, en base a cuestionarios (…) con cuestionarios que contestan padres o maestros. Sobre esto quiero expresar, lo mejor que me sea posible, mi pensar. Existen casos donde el niño con TDAH se encuentra tan descompensado que se hace imposible establecer un diálogo con él, por eso puede observarse su juego y sus conductas, pero es en la escucha de los padres y maestros, que son quienes lo ven a diario, donde podemos tener un panorama más amplio. No veo a esto como algo negativo, por el contrario, veo positivo incluir en el diagnóstico de un menor a la familia. Por supuesto que cuando hago referencia a menor no me refiere a parámetros legales, si no menores en el sentido que todavía no pueden establecer cadenas de significantes, o es su enfermedad lo que se los impide.

CONCLUSIÓN

A modo de conclusión quiero destacar que, para lograr el abordaje interdisciplinario, verdadero, de un paciente, debe dejarse de pensar en la psiquiatría y la farmacología como algo en que creer. La psiquiatría, la psicología y la psicopedagogía son ciencias, no religiones.

Solo en la dialéctica de las profesiones de la salud, encontrará el paciente un mejor desarrollo de su enfermedad. Una vida nueva se puede aprender utilizando diversos recursos, como lo son la psicoterapia, la psicoeducación y la terapia Mindfulness, que ayuda al paciente a anclarse al presente.

Si son los mismos psicopedagogos y psicólogos quienes marginan al paciente por consumir un fármaco que le ayude a sentirse mejor, ¿qué podemos esperar de los otros actores sociales?

La discriminación nace del miedo a la palabra enfermedad y el miedo a la medicación, por relacionarse esta con parámetros de locura, tan alejados de la realidad, como lo pueden ser las estadísticas que presenta José Ingenieros, en su obra “La locura en Argentina”, en la actualidad.

Particularmente considero que la sociedad que margina no es el problema a solucionar, sino los profesionales que no aceptan la organicidad de las enfermedades mentales.

Lic. Josefina Ricotta

Directora académica de MFL Mindfulness Argentina

BIBLIOGRAFÍA

Frigerio, G. (2010). Curioseando (saberes e ignorancias). En FRIGERIO, G. y DIKER, G. (Comp.). Educar: saberes alterados, Buenos Aires: La Hendija

Janin, B. (2011). El sufrimiento psíquico en los niños. Psicopatología infantil y constitución subjetiva, Buenos Aires: Noveduc.

Stolkiner, A. (2005) Interdisciplina y salud mental. En X Jornadas Nacionales de Salud Mental, I Jornadas Provinciales de Psicología, salud mental y mundialización: estrategias posibles en la argentina de hoy. Recuperado en diciembre de 2019 de: https://bit.ly/33ETyn2

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