¿Es la Vocación una Pasión?

En este ensayo me propongo adentrarme en la vocación y la pasión de una mujer, porque esos son los dones que poseía Julieta Lanteri, y responder luego la pregunta que titula este ensayo.

Julia Magdalena Ángela Lanteri nació el 22 de marzo de 1873 en Cuneo, Italia. Emigró a la edad de seis años a la Argentina, junto a sus padres. Nunca había visto el mar, y como canción de cuna, aquel mes que duró la travesía trasatlántica, se mecía en su camarote con litera propia, junto a las olas, repitiendo en español “cielo y mar, mar y cielo”, porque sabía que tenía que aprender ese idioma si quería que la respetasen.

Vivió sobre Avenida Santa Fe, entre Cerritos y Libertad. El 15 de febrero de 1880 Julieta, con siete años, fue testigo de un conflicto insólito, sobre un pueblo que luchaba, fronteras adentro, por una capital y un puerto, cuando tenía más territorio que diez veces el suelo italiano. Ese día por suerte no terminó en tragedia, y dos meses más tarde, la fórmula Julio Argentino Roca – Francisco Madero, triunfó sobre Tejedor en las elecciones presidenciales. Así fue como Julieta se enteró que existía un Padre de la Patria.

Más tarde, a los once años, volvería a emigrar, pero esta vez de ciudad, a una cuyo mástil recién se fundaba, y a la que el poeta argentino José Hernández, nombraría como La Plata. Tal vez fueron estos hechos los que le enseñaron que emprender proyectos valía la pena, aunque pareciesen imposibles, pero también, que era más fuerte el trazo de un arquitecto que las cuadras del regimiento de caballería.

Su vida estudiantil serían los cimientos de esa revolucionaria, que, con la palabra como capa y espada, desnudó al poder ejecutivo, legislativo y judicial argentino. En 1886 ingresó al Colegio Nacional de La Plata, siendo la primera mujer en asistir al mismo. En marzo de 1896 solicitó al decano de la Facultad de Medicina, Leopoldo Montes de Oca, el ingreso a la carrera de medicina de la Universidad Nacional de La Plata, y fue la sexta mujer argentina en recibirse de médica.

Años más tarde, las paredes de esa facultad serían empapeladas con panfletos que rezaban En el parlamento una banca me espera, llevadme a ella, y sobre el eslogan, la cara de una mujer que, desde los seis años, que decidió aprender español, se venía formando para enfrentarse al lado oscuro de la sociedad.

Para Julieta, la lucha por el sufragio femenino no fue una decisión política, sino, como ocurre con las personas que logran forjar su identidad dentro de la díada vocación y pasión, fue un proyecto de vida comprometida, que la llevó ineludiblemente, a una vida con sentido.

Julieta fue una mujer contemporánea a la lucha por el sufragio femenino en Inglaterra, pero que, a diferencia de estas, no escogió la violencia como medio para hacer valer sus derechos, sino el intelecto. Fue la primera mujer en votar, no solo en Argentina, sino en todo Latinoamérica. ¿Cómo lo hizo? Descubrió que en la Constitución Nacional Argentina se les negaba el derecho a sufragar a las mujeres, pero no había mención a la prohibición para formar partidos políticos. De manera que, en este caso dejaba un vacío legal, ya que obligaba a todo aquel que formase un partido político a votar.

En 1911 Julieta Lanteri se presentó a los comicios municipales concediéndose el honor de ser la primera mujer latinoamericana en votar, y lo que le confiere aún más mérito, lo consiguió sin haber prendido ni una hoguera, ni haber esparcido diez gramos de pólvora al aire.

Su nombre no suele ser muy nombrado, y las mujeres argentinas poco saben qué, en algún momento de la historia, existió una mujer, que oriunda de Cuneo, Italia, emigró con sus padres a los seis años al granero del mundo, y obtuvo la ciudadanía argentina mediante un matrimonio que duró lo que dura el olvido. Esta mujer sin patria le enseño al pueblo argentino, que el tan celebrado sufragio universal, sancionado recién en 1912, no era universal desde el momento que excluía a la mitad de la población. Su vocación de servicio fue su bandera en la profesión que ejerció, que no fue ni la de médica ni abogada, sino la de ciudadana.

Podríamos preguntarnos cómo surgió en ella la vocación. Y podríamos responder que su vocación de ciudadana comenzó desde que tenía 6 años, pero falta responder al título de este ensayo ¿Es la vocación una pasión? Particularmente considero que todos aquellos que viven sus proyectos con pasión tienen vocación por los mismo, pero no a la inversa. No todos los que tienen vocación por una profesión u actividad tienen pasión por la misma. Aunque estas oraciones generen polémica podríamos atrevernos a definir estos conceptos. Vocación es Inclinación a cualquier estado, profesión o carrera, mientras que la pasión es una devoción hacia algo. Mientras que la vocación la relacionamos con el desarrollo profesional, la pasión la relacionamos con el desarrollo personal.

Me valí de una breve referencia a Julieta Lanteri para ejemplificar los dos pilares de este ensayo; la vocación y la pasión. Podríamos decir que la vocación de Julieta Lanteri comenzó cuando se dio cuenta que existía un Padre de la Patria, pero su pasión, comenzó a los 6 años, cuando quería aprender nuestro idioma para ser una ciudadana. El partido político que representaba es inherente a estas líneas que escribió, el mensaje central que quiero dejar es que cuando se vive con pasión, estamos viviendo una vida comprometida, una vida con sentido y una vida placentera, que son los tres pilares de la psicología positiva. ¿Es esto posible? En mi opinión considero que sí, pero para esto debemos expandir nuestra consciencia, desactivar el piloto automático y convertirnos en buscadores de la vida.

Lic. Josefina Ricotta

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