Hablemos de Adolescencia

INTRODUCCIÓN

En este ensayo me propongo analizar el período de adolescencia, desde una mirada del desarrollo y como se puede implementar la práctica Mindfulness en esta etapa de la vida. La adolescencia es un período de revoluciones emocionales, búsqueda de la libertad, el amor y un proceso de autodescubrimiento. Es por eso que, en lo que respecta a la práctica Mindfulness, se tienen en cuenta factores especiales, como centrarse más en la práctica informal que la formal, pero antes de desarrollar esto debemos preguntarnos ¿Qué es la adolescencia?

DESARROLLO

Erikson, en Infancia y sociedad (Erikson, 1970) describe a la adolescencia como la etapa de la juventud en la que se establece la identidad, entendiendo por identidad la capacidad del yo para integrar todas las identificaciones infantiles con las circunstancias cambiantes de la libido, con las aptitudes desarrolladas, y con las oportunidades ofrecidas a partir de los roles sociales. Particularmente Erikson señala:

En su búsqueda por la identidad de un nuevo sentimiento de continuidad y mismidad, los adolescentes deben volver a librar muchas de las batallas de los años anteriores, aun cuando para hacerlo deban elegir artificialmente a personas bien intencionadas para que desempeñen los roles de adversarios; y están siempre dispuestos a establecer ídolos o ideales perdurables como guardianes de una identidad final.

Entonces ¿Cómo podemos ayudar al adolescente a establecer su identidad? Una de las cuatro variantes de la práctica formal Mindfulness en la meditación de observación mental. En esta práctica el objetivo es observar nuestros pensamientos y sentimientos, poder observar de manera objetiva, como si pudiésemos salir de nuestro cuerpo y ser un observador externo. No es el fin evadirnos de la realidad, sino, por el contrario, poder comprender nuestra realidad. Los adolescentes viven en continuo cambio, ya que lo que hoy les agrada hacer, tal vez mañana no. Varían sus vínculos con familiares, amigos o parejas. Es por esto que, en la construcción de su subjetividad, poder observarse como un observador externo les dará mayor estabilidad y comprensión de su esencia, entendiendo como esencia la visión aristotélica, donde lo que varían son los accidentes (propiedades y cualidades de los objetos y personas) y la esencia siempre se mantiene estable.

De la misma manera que Erikson señala como los adolescentes, en su búsqueda por la identidad, eligen referentes para que actúen de modelos y también de opositores, Aberastury en La adolescencia normal (1971), describe los tres duelos por los que debe atravesar el adolescente en su paso de la niñez a la adolescencia, y cuáles son las repercusiones que tienen los mismos en la consolidación de la identidad. El primero de los duelos que se describen es el duelo por el cuerpo infantil. Mientras se atraviesa el duelo surgen defensas con el fin de negar la pérdida de la infancia, por ejemplo, la pérdida del cuerpo infantil implica la aceptación de los caracteres sexuales secundarios, del semen en el varón y de la menstruación en la mujer. Según Aberastury (1971), solo cuando el adolescente logra aceptar simultáneamente los dos aspectos de su cuerpo, el de niño y el de adulto, puede empezar a aceptar los cambios en su cuerpo y comienza a surgir una nueva identidad. Erikson también se pronuncia en referencia al tema, y desarrolla el concepto de moratoria psicosocial, que es una etapa psicosocial entre la moral del niño y la ética que ha de desarrollar el adulto. Durante esta etapa el adolescente posee una mente ideológica e intenta continuamente reafirmar su posición entre sus pares, y buscar los valores sociales que guían la conformación de su identidad, aunque esto último lo lleve a enfrentarse a la sociedad real, con sus sistemas normativos y sus tradiciones. No obstante, es esta misma sociedad la que admite los excesos del adolescente, y por eso se la considera una etapa de moratoria.

El segundo duelo que describe Aberastury (1971) es el duelo por la identidad y por el rol infantil. En la adolescencia hay una confusión de roles, ya que al no poder mantener la dependencia infantil y al no poder asumir la independencia adulta, el sujeto sufre un fracaso de personificación y así, el adolescente delega en el grupo gran parte de sus atributos, y en los padres, la mayoría de las obligaciones y responsabilidades

El tercer duelo, es el duelo por los padres de la infancia, en este caso hablamos de un doble duelo, ya que no solo los hijos deben adaptarse a padres menos protectores, sino que también los padres deben aceptar que ya no deben someter a sus hijos de igual forma que lo hacían durante su niñez. Sin embargo, se generan contradicciones de pensamiento en el adolescente, al no poder asumir con plena responsabilidad las consecuencias de sus actos. Asumir la independencia es asumir la realidad que nos rodea, una realidad que a veces puede ser hostil. En general el adolescente va en busca de verdades absolutas, pero la verdad, aunque es increíble y hermosa, debemos asumirla con respeto, porque al crecer, nos daremos cuenta que no es una verdad, sino una construcción subjetiva que hicimos de la realidad

Teniendo en cuenta los tres duelos que atraviesan los adolescentes podemos entender la inestabilidad que tienen en esos años tan hermosos como turbulentos. Es por esto que la práctica formal, a veces, suele resultar difícil de llevar a cabo, mientras que la práctica informal suele agradarles e, incluso, motivarlos para adoptar esta filosofía de vida que llamamos Mindfulness. La práctica informal son ejercicios que podemos realizar en la vida cotidiana para cultivar las actitudes Mindfulness, como pueden ser la aceptación, el no juicio, mente de principiante, paciencia, confianza, ceder y no esforzarse.

Por ejemplo, si realizan algún deporte o actividad artística, un ejercicio puede ser que un día se propongan llevar a cabo la actividad en atención plena, como si fuera la primera vez que entran en contacto con la pelota o con el pincel. Esto sirve para desactivar el piloto automático y cultivar la mente de principiante. La aceptación también es una actitud que es importante en este período de la vida, ya que, como vimos, se debe aceptar el nuevo cuerpo, la nueva identidad y la nueva relación con los padres. Una manera de trabajar esto es, por ejemplo, tener un cuaderno de práctica donde todos los días anoten un acontecimiento positivo del día y otro negativo. Con este ejercicio sencillo se trabaja la capacidad de estar presentes en el aquí y ahora y poder reconocer aquello que gusta como lo que disgusta. Poder atender al presente es una manera de aceptar lo que nos circunda en el ambiente. Por último, me gustaría proponer un ejercicio para trabajar la paciencia. Una práctica para esto puede ser adelantar el reloj 5 minutos. De esta manera, cada vez que llegue al colegio, al club o a la casa de un amigo, lo hará con 5 minutos de antelación, y en estos 5 minutos de gracia podrá concentrarse en su respiración para comenzar a centrarse en su eje y equilibrar su cuerpo, mente y espíritu.

CONCLUSIÓN

Este proceso que describí es parte del desarrollo normal que nos prepara para la primera adultez. Es importante que mantengamos una visión sustentada en la salud y no en la patología. Ser adolescente puede ser turbulento, y a lo largo de este período, realizar acciones que, luego del análisis, parecen ajenas o difíciles de comprender. Aun cuando sabemos que esto puede ser un camino espinoso, poder contar con herramientas de regulación emocional es una ayuda de importancia para atravesar este período que llamamos adolescencia.

BIBLIOGRAFÍA

Aberastury, A., & Knobel, M. (1984). Adolescencia normal.

Erikson, E. H., & Rodrigué, E. (1976). Infancia y sociedad.

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