No soy TLP, tengo TLP

En este ensayo me propongo despojar de la capa de invisibilidad al Trastorno Límite de Personalidad (TLP), ya que este trastorno tiene cierta predominancia en las estadísticas de salud mental, pero no es muy frecuente que se hable del mismo. Incluso, su diagnóstico suele ser tardío, y, a veces, por descarte de otros trastornos.

Pero ¿Qué es el TLP? Empecemos por lo más fácil, por los criterios diagnósticos según el DSM V.

En modo general, las persona con TLP tienden a una inestabilidad de las relaciones interpersonales, alteración de la imagen de sí y de los afectos con una impulsividad marcada, que aparece al principio de la edad adulta y está presente en diversos contextos. Para diagnosticar TLP se deben presentar al menos cinco de las manifestaciones siguientes:

  1. Esfuerzos desenfrenados para evitar los abandonos reales o imaginados.
  2. Modelo de relaciones interpersonales inestables e intensas caracterizadas por la alternancia entre posiciones extremas de idealización excesiva y de desvalorización.
  3. Perturbación de la identidad: inestabilidad marcada y persistente de la imagen de sí mismo.
  4. Impulsividad en al menos dos campos potencialmente dañinos para el sujeto (gastos, sexualidad, toxicomanía, conducción peligrosa de automóvil, crisis de bulimia…).
  5. Repetición de comportamientos, gestos o amenazas suicidas, o de automutilaciones.
  6. Inestabilidad afectiva debida a una reactividad marcada del humor (por ejemplo, disforia episódica intensa, irritabilidad o ansiedad que dura habitualmente algunas horas y rara vez más de algunos días).
  7. Sentimientos crónicos de vacío.
  8. Cóleras intensas e inapropiadas o dificultad para controlar la cólera (por ejemplo, frecuentes manifestaciones de mal humor, ira constante o pleitos repetidos).
  9. Aparición transitoria en situaciones de estrés de una ideación persecutoria o de síntomas disociativos severos.

La prevalencia del TLP (también llamado borderline), sería, según los datos de la literatura especializada, de 0.5 a 5.9% en población general. Las investigaciones biológicas develan que el sistema serotoninérgico parece estar implicado en la auto y la heteroagresividad, así como en la inestabilidad del humor. Diferentes estudios sugieren una disminución de la actividad central de la función serotoninérgica. Finalmente, los datos de neuroimagen muestran un déficit del sistema frontolímbico, con una “actividad límbica excesiva insuficientemente contrabalanceada por una regulación prefrontal disfuncional”.

Repasados los síntomas y la biología del TLP, es momento de detenernos en la persona que sufre esta enfermedad, la persona que tiene TLP. El título de este ensayo es la premisa fundamental que me gustaría que se internalicen, ya que, las personas no son un diagnóstico, un nombre en un papel, son personas que padecen una enfermedad, personas que se levantan cada mañana a librar las pequeñas batallas: levantarse, ducharse, desayunar, ir a trabajar, estudiar, cocinarse, mantener vínculos sanos… Todo esto, que a algunas personas les parece que son hábitos que se realizan en piloto automático, a una persona que padece TLP puede resultarle difícil y, depende sus rasgos, hasta casi imposible, como ser mantener un trabajo estable, terminar los estudios o tener relaciones sanas. La frustración, el miedo al abandono y el sentimiento de vacío son tres síntomas que suelen estar presentes en la mayoría de las personas con TLP, lo cual los lleva a autolesionarse, ya que las emociones los superan y se les dificulta expresarlas de otra manera.

En estos pacientes es de vital importancia la red de contención familiar. Sin embargo, se debe aclarar que, lo que puede ser una discusión cotidiana, estos pacientes la pueden vivir como rechazo o incluso posibilidad de abandono o pérdida de cariño. Es por esto que es importante que luego de la discusión se les recuerde que aun son hermanos, hijos, amigos.

Tener TLP es una enfermedad, no una condición momentánea. Los síntomas no dependen de la voluntad del paciente. De la misma manera que no se le puede pedir a una persona con diabetes que le ponga voluntad para regular la insulina, no se le puede pedir a una persona que padece TLP que le ponga voluntad para disminuir sus síntomas depresivos y ansiosos. La diabetes es una enfermedad, el Trastorno Límite de Personalidad también lo es. No obstante, esto no implica que los pacientes con TLP estén libres de responsabilidades, sino que se los debe acompañar a adquirir los hábitos saludables. Por ejemplo, se les puede enseñar técnicas de respiración consciente para utilizarlas cuando tienen un desborde emocional, para evitar las autolesiones o la agresividad manifiesta. También se los puede acompañar para adquirir hábitos de higiene personal y también ambiental, esto implica no solo bañarse, cepillarse los dientes, cambiarse de ropa, comer saludable, sino también adquirir el compromiso de lavar los platos al terminar de comer, barrer el comedor, levantarse temprano para ir a trabajar o preparar un examen con tiempo. Aun así hay que tener paciencia, porque estos hábitos no se adquirirán con facilidad, hace falta que el paciente esté estable para poder atender a estas responsabilidades.

El tratamiento recomendable para personas con TLP, además del psicofarmacológico, es la terapia cognitiva conductual. También, como mencioné más arriba, es muy útil enseñarles técnicas Mindfulness para regular sus emociones.

A los pacientes con TLP no hay que tenerles lástima, hay que ayudarlos a librar las pequeñas batallas diarias para lograr esa estabilidad emocional que tanto cuesta lograr.

Lic. Josefina Ricotta

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