Un Apego Inseguro no Determina Nuestro Futuro

INTRODUCCIÓN

El referente de la teoría del apego, Bowlby, nació en Londres en 1907. Realizó su formación psicoanalítica con John Riviere como analista y Melanie Klein como supervisora. Sin embargo, tiempo más tarde tuvo disputas con Klein, que era quien dominaba la Asociación Psicoanalítica Inglesa. Bowlby, debido a su formación como psiquiatra infantil consolidó su creencia de que la psicopatología se origina en experiencias reales de la vida interpersonal. Observó que las madres de niños neuróticos tendían a desplazar la hostilidad que originalmente iba dirigida a sus propios padres, hacia sus hijos, y que también tendían a satisfacer necesidades afectivas previamente insatisfechas haciendo a sus hijos demandas excesivas e inapropiadas. Aquí es donde comienza a mostrar su preocupación por la interacción familiar.

Bowlby basó su abordaje en el pensamiento psicoanalítico, pero desechó la metapsicología tradicional, y la sustituyó por un nuevo paradigma que se basaba en la psicología evolutiva y en la etología.

Bowlby define la teoría del apego como una forma de conceptualizar la tendencia de los seres humanos a crear fuertes lazos afectivos con determinadas personas en particular y un intento de explicar la amplia variedad de formas de dolor emocional y trastornos de la personalidad, tales como la ansiedad, la ira, la depresión y el alejamiento emocional, que se producen como consecuencia de la separación indeseada y de la pérdida afectiva.

El vínculo de apego se pone de manifiesto a través de los patrones de comportamiento que tienen como resultado la búsqueda de cercanía o contacto con dicha figura. La cualidad emocional del apego estará determinada por la calidad de la interacción entre la figura de apego y el niño.

DESARROLLO

Bowlby describe tres pautas principales de apego. En investigaciones posteriores se describen también otras pautas de apego. En este ensayo veremos cuatro variantes.

Se realizó un estudio con niños, donde la madre se ausentaba de la habitación y luego regresaba, para describir los 4 tipos de apego.

  1. El apego seguro

Es habitual que estos niños presenten conductas espontáneas de juego o exploración del entorno que se interrumpen cuando la madre abandona la habitación. Expresan claramente su disgusto y ansiedad frente a esta situación (frecuentemente a través del llanto), pero suelen consolarse rápidamente cuando regresa la madre, mostrándose deseosos de contactarse nuevamente con ella.

Los niños con apegos seguros tienen una expectativa confiable de que su madre estará disponible cuando la necesiten y que responderá a sus señales, sobre todo en las situaciones atemorizantes. Estos niños han aprendido a integrar los aspectos cognitivos y emocionales de sus modelos vinculares en forma equilibrada y armónica, debido a que en el vínculo con su madre ambos aspectos se encontraban integrados de una manera coherente y predecible. Seguramente sus experiencias vinculares previas fueron satisfactorias, se sienten seguros y protegidos y suelen manejarse con bastante independencia.

  1. Apego evitativo

Los niños presentan menores conductas lúdicas o exploratorias, y no intentan mantener proximidad, ni manifiestan disgusto o llanto cuando la madre se ausenta de la habitación; tampoco se relacionan con el extraño. Si bien durante la prueba pueden dar la impresión de cierta independencia y autonomía, presentan indicadores indirectos de ansiedad. Frente al regreso de su madre, estos niños evitaron activamente el contacto con ella o la trataron con indiferencia, centrando su interés en objetos inanimados. Estos niños no confían en que sus figuras de apego sean accesibles y respondan adecuadamente frente a sus necesidades; por lo tanto, adoptan como estrategia defensiva la distancia emocional, en un intento de manejarse en forma autosuficiente. El modelo representacional expresado en esta conducta evidencia un predominio defensivo de los aspectos cognitivos con el objeto de adaptarse y controlar

el entorno, a la vez que inhibe su componente afectivo, desatendido o mal interpretado por una madre distante emocionalmente.

  1. El apego ambivalente

Estos niños reaccionan marcadamente a la separación. Su actividad lúdica y exploratoria es más pobre y presentan conductas de aferramiento con la madre. Evidencian gran ansiedad o excitación frente a las separaciones; y en los reencuentros muestran un comportamiento ambivalente que implica a la vez búsqueda de proximidad y resistencia, con manifestaciones de enojo y la rabia hacia la madre y el extraño. El apego ambivalente se caracteriza porque el niño no siente la seguridad de la disponibilidad de su madre en el momento que la necesite. La figura de afecto se comporta en forma ambivalente y responde a las demandas de sus hijos de manera lenta o inconsistente. Estos niños expresan exageradamente el componente afectivo y ansioso en su conducta, en busca de atención y cuidado, a la vez que no integran en la misma una estrategia cognitiva que les resulta poco confiable para anticipar la conducta de su cuidador. Es probable que hayan experimentado separaciones y/o amenazas de abandono, dentro de un vínculo poco previsible e inestable, que incrementaron la ansiedad de separación.

  1. Apego desorganizado

Es frecuente que estos niños hayan sufrido descuidos importantes, experiencias traumáticas, abandonos y pérdidas no elaboradas, violencia familiar, y/o algún tipo de abuso (físico, sexual, emocional). Su desorganización conductual probablemente sea la respuesta al temor o a la amenaza de sus progenitores y a la falta de coherencia y previsibilidad de su conducta. Estos niños reaccionan al encuentro con su madre de una manera confusa y desorganizada, no evidenciando una estrategia coherente ni recursos significativos para manejar el malestar o el estrés que produce la separación. Su conducta parece carecer de un objetivo claro. Se observan manifestaciones secuenciales o simultáneas de diferentes tipos de apego, patrones contradictorios de conducta, confusión, expresiones mal dirigidas o interrumpidas y actitudes estereotipadas o anómalas.

CONCLUSIÓN

Luego de repasar los cuatro tipos de apego podemos decir que es preciso aclarar que un apego evitativo, desorganizado o ambivalente no determina nuestro futuro. Las personas tenemos la capacidad de reconstruirnos a través de las diferentes experiencias que vamos teniendo. Hoy podemos hablar de resiliencia, que es la capacidad de sobreponerse a los hechos traumáticos. Aun cuando en nuestra niñez hallamos estado en un ambiente con vínculos frágiles e inseguros, en nuestra adultes podemos reorganizar nuestros patrones de conducta para construir vínculos sanos, seguros y fuertes. Siempre tenemos la posibilidad de convertir nuestra forma de relacionarnos en un vínculo nutritivo. ¿Qué es un vínculo nutritivo? Estos vínculos son empáticos, con actitud esperanzadora, alegres, consideran el deseo propio y el del otro, son congruentes con lo que la persona siente y piensa, y lo más importante, estos vínculos generan sintonía emocional

No somos nuestro pasado, sino nuestra voluntad de construir un futuro placentero.

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